En cuestión de meses, Abelardo de la Espriella pasó de ser un controvertido y mediático abogado a un candidato presidencial con posibilidad de victoria en Colombia a través de una consigna clara: imponer autoridad. Es ahora el rostro de una derecha radical y en renovación que ha sabido aprovechar la frustración con los partidos tradicionales y canalizar una campaña de mucho espectáculo con una postura de ‘outsider’, que lo ubica como el rival directo del aspirante de la izquierda oficialista, Iván Cepeda.

Tiene 47 años, es carismático, le gusta hablar duro, apela al espectáculo y da declaraciones categóricas y provocadoras. Se proyecta como un empresario exitoso, amante de lo que él llama la alta cultura y el buen gusto. Ha moldeado su discurso para conquistar al electorado conservador y enfurecido con al actual Gobierno. Ha emprendido acciones judiciales contra periodistas, lo han acusado de machista y dice ser el mayor enemigo del comunismo.

Llegó a la campaña con la retórica de la ultraderecha y planteamientos populistas. Se lanzó a la Presidencia con la promesa de frenar la continuidad del proyecto político del presidente Gustavo Petro y su apuesta es la polarización: es un extremo sin tapujos para contrarrestar otro.

Con su movimiento Defensores de la Patria, comenzó su momentum político a finales de 2025 con el lanzamiento de su aspiración, cuando las encuestas lo empezaron a posicionar como el nombre del voto antipetrista en el país. Y se ha mantenido: según las últimas encuestas, es segundo en todas las mediciones detrás de Iván Cepeda. Si bien al ascenso meteórico que tuvo desde finales del año pasado pareció estancarse a finales de febrero, en la recta final se consolidó como el candidato opositor destacado hacia la primera vuelta. La conclusión es que estrategia de De la Espriella ha funcionado: apelar a la polarización; para contrarrestar al candidato de Petro, la opción es él, el extremo opuesto.

En el transcurso de la campaña, De la Espriella ha dicho que está abierto a sumar apoyos de todos los sectores políticos menos el petrismo y las encuestas lo muestran consistentemente como el candidato más opcionado a pesar de no surgir de ningún partido político. El abogado dice que se inspiró “por la alerta que significó el fraude electoral en Venezuela el 29 de julio de 2024” y que busca evitar el “riesgo de un gobierno que amenace nuestras libertades fundamentales o intente perpetuarse en el poder”.

De la Espriella, quien se autodenomina el “Tigre”, ha expresado simpatía por algunos líderes de derecha en la región —incluido Donald Trump—, y los medios lo han comparado con Nayib Bukele. El candidato ha elogiado el sistema carcelario del presidente de El Salvador y dice que en su Gobierno impulsaría las megacárceles de alta seguridad.

Nunca ha ocupado un cargo público ni gestionado contratos estatales: presenta esta ausencia de conexiones con el establishment como prueba de que es “el verdadero outsider” en la contienda. Además, afirma no tener grandes patrocinadores financieros, y dice que es un empresario se ha “hecho a sí mismo” y, por lo tanto no tiene obligaciones con la élite.

Se expone como una persona que admira el legado de Álvaro Uribe y propone —como el exmandatario— una política de “mano dura” contra el crimen y la corrupción.

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